La cuestión es así. Él te espera sentado en la mesa de la
esquina, sobre la vereda. De lejos ya lo ves: pantalón largo oscuro, aunque el
calor azota esa noche, camisa negra de mangas largas, de nuevo el calor, con
los dos botones de arriba desprendidos y un estampado de flores sobre la parte
de adentro del cuello. La mesa es chica; sólo hay una botella verde y un vaso
por la mitad. A una cuadra parece serio: mira para todos lados arqueando las
cejas, juega con la tapita de la botella arriba de la mesa, espera, no fuma, le
gustaría.
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